Archive for 27 noviembre 2008

cómo ahora

Como ahora
Después de que casi todo haya pasado
Cuando ya no ansío ver la luz
De todo cuanto me rodea
Es ahora
Despues de haber sido y estado
Cuando ya no deseo ni ser ni estar
En donde todo lo que veía
Como ahora
Después del final de lo que fué
Cuando ya no creía en descubrir
Contra todo lo aparente
Es ahora
alzo la mirada y sin querer
casi sin mirar veo en todo
Entre todo lo que quería
Y es que ya no son mis ojos los que ven
Es que ahora soy yo el que mira
 

Trata de LOS SENTIDOS

 

Cita

LOS SENTIDOS

 
 

 

LOS SENTIDOS DEL TIEMPO

"De todo cuanto ha sido, nada queda ya, nada sobrevive. Todo nace y se pierde en el mismo momento: nuestras acciones, nuestras palabras y nuestros sentimientos; todo se lo lleva el tiempo, como un rápido río (…). La memoria es para nosotros el oído de cosas ahora sordas, la vista de cosas ahora ciegas".

 Eso dice Plutarco, un antiguo ensayista griego, en Sobre la falta de oráculos. Que todo muere en el mismo momento en que nace. Idea comprendida por todos desde que tenemos uso de razón, o poco después. Idea presente en todos los momentos individuales y colectivos de nuestra historia. Tanto en la más generalista de batallas, progresos y globalización última, como en la más íntima en la que cada uno de nosotros no somos más que un ínfimo fragmento, pese a que en la vida nos creamos vencedores y autores de un éxito mayúsculo. Idea presente también  en mi vida, con diferentes formas, matices y dimensiones. Pero capaz de estar presente, de golpe y porrazo, en cualquier instante en que necesite volver a la realidad, después de la huida. Porque la huida es la poesía. La poesía como batalla contra la sensación de levedad de la vida. La poesía como un pequeño caballo de madera, en la Troya del siglo XXI.

El paso de tiempo, con su tibiedad y aparente ausencia, tiene un rostro polytropo. Con mil antifaces. Sin que nos demos cuenta. Nos adormece. Hace que parezca: no transcurre nada y todo permanece, hasta nuestras ansías. Ahí está, gigantesco y humilde.

El que todo muera el mismo día en que nace, sin embargo, no solo es propio de la expresión literaria de Plutarco, al menos, en los limitados conocimientos que mantengo, porque recuerdo, con cariño y devoción, un libro de mis estanterías,´"Sentimenduen mestizajea, que traducido al castellano se refiere, sin más, al mestizaje de sentimientos. Un libro editado por un tipo de mi tierra que, montado en bicicleta, recorrió la isla caribeña de Cuba, cámara en ristre y corazón en fiel contacto con la realidad social cubana. Hasta que a su regreso, tomó las imágenes, el euskera y la poesía contemporánea de la isla, e hizo de ello un valioso imaginario de Cuba. La que aprendí a través de la imaginación. Mestizaje de sentimientos. Un intento de inmortalizar la mirada frente al paso del tiempo, no sólo aplicable al espacio temporal, sino también a la rápida transformación de la vida en muchas partes del planeta donde parece que, como dice Pablo Milanés, "la libertad nació para morir".

José Martí, un Plutarco cubano y más moderno, escribió asimismo que:

"Se ama de pie. en las calles
entre el polvo de los salones
y las plazas: muere la flor
el día en que nace"

Después de leerlo, desde luego, dudo mucho que Cristobal Colón hubiera sido el primero en arribar en las costas de sus presuntas "Indias". Quién sabe si el griego se metió en una galera, llegó a Cuba, y dejó para la posteridad de los poetas, algún pergamino en el que se refiriera a la misma idea, y que Martí la imaginara, rodeada de cañas de azucar y manos de guajiro.

Estoy de acuerdo con  Martí y Plutarco. Lo he asumido al igual que otros tantos. Pero también he aprendido que una de nuestras misiones en la vida es salvar ese trecho fugaz, ese viaje, con el mejor cincel y piedra que poseamos. Así, el instante en que una flor nace y muere dura toda nuestra vida física. Y no una, sino todas aquellas que nacen en nosotros y perduran en una órbita independiente de la división entre pasado, presente y futuro. Y si fuera una flor verde, como la que mis manos están trabajando con humilde paciencia, entonces, el tiempo tiene sentidos, tantos sentidos como el mar de la canción.

La flor verde es el símbolo de mis musas. El afán por recobrar del tiempo su arcaica ley de nacimiento, madurez y muerte. Y supongo que sus pétalos llevan más amor que el número de remos que guarda una de las traineras de mi mar. Tanto así que este mediodía, de regreso del somontano de mi Moncayo, contemplo el perfil de un viejo molinillo de café. Con ese rojo despavorido y abandonado. Un molinillo abandonado y tirado en las lindes de un camino ribereño. Un camino del Ebro. Porque la gente ha aprendido a someterse a la ley del tiempo y nada le sirve. Así que mi madre recogió el molinillo, y se lo trajo, para salvarlo del olvido. Es decir, que esa labor de buscar rebeliones contra el tiempo es algo que "de casta le viene al galgo". Lo llevo en la sangre. En multitudes de leucocitos. Viejo molinillo que debe tener más de ciento veinte años.

Ahora ya poseo dos molinillos. Uno de café. Y otro de flores. Mi corazón muele despacio una flor verde. "La ruta del alma del que estoy amando",como canta Mercedes Sosa.

 

Texto traido del blog de Aitor Arjol Bermejo

If

 Cuando el amor es un vínculo permanente
no hay finales
Cuando el amor es una conquista personal
no hay rupturas
Cuando el amor es un estado del alma
no hay pérdida
Si el amor de uno se une al amor de otro
es siempre temporal
Si el amor se limita en los confines de la pasión
es siempre fugaz
Si el amor se completa desde la carencia de amor
es siempre deudor
Pero como se puede vivir sin la presencia de ambos
y su proyección en uno
a través del otro
Por eso que el instante sea eterno y la pena efímera
 
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Esta copa de vino

Esta copa de vino dulce

es dulce como el vino

Las amarguras del vivir

su sabor endulzan

con la serena verdad

de lo que esta por venir

nada es penoso en el pasado

sino se muestra en el presente

continúan las ganas del futuro

siempre esta por venir

esa es la esperanza

que se mantiene intacta

a pesar de los pesares